El pueblo cántabro vadiniense

Cabaña Vadiniense en el Museo de Riaño.
Lápida funeraria vadiniense (S.II d.C.)

Los Vadinienses era el pueblo cántabro prerromano que habitaba la Montaña de Riaño, antes de la conquista definitiva por Roma, en el año 29 A.C.

El Libro III de la Geografía de Estrabón los describe así: “Hacen una vida sencilla, bebiendo agua, durmiendo en el suelo, y llevando el pelo largo como las mujeres. En el combate se ciñen la frente con una faja. Por lo general comen carne de cabrón. Sacrificaban al Ares cabrones, caballos y prisioneros. Practicaban ejercicios gimnásticos, con armas , a caballo, pugilato y carreras, tiro de dardos y combate en batallones. Viven durante dos tercios del año de bellotas, que secan y machacan y después muelen para hacer pan de ellas, y conservarlo largo tiempo. Beben también cerveza. Vino tienen solo escaso y, si lo logran, pronto lo gastan haciendo banquetes con sus familias. En lugar de aceite emplean mantequilla. Toman sus comidas sentados, teniendo alrededor de la pared bancos de piedra. Dan la presidencia a los de mayor edad y categoría social. Durante la bebida bailan en rueda acompañados por flauta y corneta, o también haciendo saltos y
genuflexiones.

Todos llevan por lo general capas de pieles, y envueltos en ellas duermen sobre la paja. Las mujeres llevan sayos y vestidos con adorno floral. Usan vasos de madera. Despeñan a los condenados a muerte, y a los que mataron a sus padres les apedrean fuera de la ciudad o confín. Se casan (con una sola mujer) como los Griegos. Ponen a los enfermos al lado de los caminos, como hicieron los Asirios antiguos, para consultar a los transeúntes que hubieran tenido un mal parecido. Los hombres dan la dote a las mujeres. Las hijas reciben la herencia y ellas casan a sus hermanos, lo que parece ser una especie de matriarcado”.

LA COVADA es la costumbre mediante la cual la mujer abandona el lecho recién parida para que lo ocupe el marido, al que aquélla procura cuidados. En ella hemos de ver ante todo un rito de filiación, de adscripción al patrilinaje, un rito de inicio vital del nuevo vástago a la estructura familiar por vía masculina.


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