Lápidas Vadinienses

Lápida encontrada en Pedrosa del Rey durante el desmantelammiento de la iglesia del Rosario en 1988
Lápida vadiniense de Bodero, encontrada en Pedrosa del Rey. Actualemente expuesta en el Museo de Riaño.

Grandes cantos rodados en su mayoría, con epitafios grabados a cinzel para dejar expreso el recuerdo y homenaje al difunto, ahora con 2000 años de antiguedad.

Entrado el siglo XX, las numerosas lápidas encontradas (sesenta y cinco) han permitido fijar el ámbito geográfico de Vadinia. Las lápidas, que proceden de los siglos I a III de nuestra era, son grandes cantos rodados en los que se menciona a los propios autores, a sus familiares difuntos y a sus animales. En nuestra comarca, en el actual Ayuntamiento de Crémenes (comprendido por 12 pueblos) se ha encontrado la mayor concertración con un total de 24 (10-12 en la localidad de Crémenes); tres han sido encontradas en Riaño, una en Anciles, dos en Pedrosa del Rey, una en Barniedo de la Reina,  una en La Puerta, otra en Carande, cinco en el valle de San Pelayo y otra en Loís.

La mayoría de ellas, cincuenta, han sido halladas en la actual provincia de León, y el resto, quince, en Asturias; éstas parecen más toscas y de época más tardía, lo que ha dado pié a concluir que la expansión de la población se dio desde la montaña leonesa hacia los valles asturianos, al ser las leonesas más refinadas y romanizadas. Esta argumentación reforzaría la tesis de una ciudad de Vadinia próxima a Riaño. La gran mayoría se pueden ver en el Museo de León sito en la Plaza de Santo Domingo. En nuestro museo riañés podéis encontrar seis.

Lápida vadiniense de Vado Nebira, encontrada en Remolina. Actualemente expuesta en el Museo de Riaño.

El texto va encabezado, generalmente, con las fórmulas de consagración a los dioses manes, romanos, siguiendo estas abreviaturas: D(iis) M (anibus). D (iis) M (anibus) M (onumentum) y D (iis) M(anibus) M (onumentum) P(ositum). Sigue el nombre a quien se dedica la estela o lápida, junto con la filiación y adscripción, o no, a un grupo gentilicio, siguiendo el nombre del dedicante y la relación familiar o de amistad suya con el difunto. Finalmente se añade la fórmula de “Que la tierra te sea leve”, (Sit tibi terra levis) o “Aquí está enterrado” (Hic situs est). Suele también marcarse o indicarse  la edad del difunto.

La decoración se realiza a base de grabados figurativos de animales, caballo y ciervo, siempre de perfil con alguna figura humana esquemática; árboles ; decoración de tipo arquitectónico en forma de estela-casa; pautas interlineales, cierre de la estela con grabado continuo; torques, esvásticas; o rosa tetrapétala, etc.

Casi todos los autores coinciden, también, en identificar el árbol que aparece en las lápidas, con el tejo, ejemplar autóctono de los montes leoneses, y al que seguramente por su carácter de hoja perenne, reconocían en él un símbolo de la muerte (fruto venenoso) y una duración larga, que querían reflejar con una idea eterna en la lápida.


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